Publicaré lo bueno, lo feo y lo malo.
¡Cuatro de esos cabrones!
Después de una agradable velada cenando a la luz del farol, me retiré a Lorenzo, ¡seguido por cuatro avispones enormes y feísimos! No sabía que salían de noche, pero allí estaba yo, en un espacio cerrado de dos por cuatro metros, intentando aplastarlos con unas botas de montaña del 46.

Nota mental : cambiar la cortina de cadenitas por una puerta mosquitera.
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